Luis Eduardo Martínez: Es la hora del cambio en paz

Recorro Venezuela. Converso con muchos y es casi unánime el llamado a cambiar

Son ya 25 años de una gestión cuyo balance es el fracaso más estruendoso.


No hay en la historia reciente, en el mundo, un caso como el nuestro: el desplome de la economía, el éxodo de millones, las carencias sociales, el colapso de los servicios, la enanización del aparato productivo, salarios, jubilaciones, pensiones de hambre; todo producto todo y más del empeño de implantar un modelo que en ningún país ha sido exitoso, de unas sanciones que en ninguna nación han producido cambio alguno, de una pelea entre extremos que solo perjudican a la mayoría.

‘Permacrisis’ la que sufre Venezuela he mencionado en algunas entrevistas. Considerada la palabra del año en el 2022, el diccionario Collins define ‘permacrisis’ como un largo periodo de inestabilidad e inseguridad, de múltiples crisis agrego, como consecuencia de catastróficos eventos.

Nuestros eventos tienen nombre y apellidos: lo es el oficialismo pseudo socialista y la derecha radical.

Por delante tenemos la posibilidad de que todo sea diferente. Poco más de 100 días restan para el 28 de julio, fecha en la cual se realizarán las elecciones presidenciales.

Es la hora del cambio en paz. Votando será posible.
La participación masiva hará realidad un mañana diferente.

En las últimas elecciones -presidenciales, parlamentarias, regionales- la marca fue la abstención. La torpeza de unos, el apresuramiento de otros, la mezquindad incluso de algunos; desechó el voto, sembró una especie de incultura de la abstención y hundió al país en la desesperanza que empieza a quedar atrás.

Ahora se está de vuelta. Aún los más fervientes defensores de los atajos proclaman como única vía la electoral, lo que celebramos aunque tengamos dudas de sus convicciones porque la promueven hoy sin un atisbo de arrepentimiento por tanto mal que ocasionaron.

Con el cambio el llamado que escucho con más frecuencia es el de la unidad de quienes lo demandamos.

Parece difícil. Entre el 21 y el 25 de marzo se realizarán las inscripciones de los candidatos presidenciales. Mi pronóstico es que nos inscribiremos unos treinta. Si escribí bien: treinta. No discuto ni sus credenciales, ni sus propósitos. Creo conocer a los “postulables” y, como entiendo que acuden al proceso de buena fe, les invito a que aceleradamente procuremos una fórmula que permita sino un candidato único, uno unitario.

Es cierto que cerrado el proceso de inscripciones aún existe la posibilidad de, en el lapso de sustituciones, concretar entendimientos que permita enfrentar a un adversario -no enemigo preciso- con un rechazo altísimo pero que puede ganar incluso limpiamente por la abstención y la dispersión.

Aprestémonos pues a no desaprovechar la oportunidad real que tenemos de votando y en paz forjar una nueva nación

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