noviembre 28, 2022

El Nuevo Guárico

Libre, Plural y Objetivo

La tozudez del poder

Por

 César Pérez Vivas

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El poder autoritario es por su naturaleza soberbio y tozudo. La ausencia de valores morales y de principios democráticos convierte a los agentes de las autocracias en personas insensibles, burlonas, autosuficientes y cínicas.

La reciente Cumbre sobre el Cambio Climático, celebrada en El Cairo, la cumbre de la Paz, efectuada en París, y la visita de Petro a Caracas, han vuelto a poner de manifiesto estas características en el rostro de los principales conductores políticos del régimen del socialismo del siglo XXI.

En efecto Nicolás Maduro y Jorge Rodríguez hicieron gala en esos eventos de una tozudez y de un cinismo sin precedentes en nuestra historia republicana.

Maduro se presentó a la Cumbre del Cambio climático, a darse golpes de pecho por la emisión de gases efecto invernadero, y por la destrucción indiscriminada de los bosques que le sirven de sumidero, cuando encabeza el gobierno que más miles de hectáreas ha destruido de nuestra Amazonia.

Pero él opina y pontifica como si aquí en nuestra Venezuela nada ocurriera y como si el mundo no supiera que esté es el gobierno más ecocida de nuestra historia y el más activo en la destrucción de la diversidad biológica originaria de nuestro continente.

En efecto el arrase de los bosques amazónicos, la brutal destrucción de nuestras cuencas hidrográficas, la contaminación de los cursos de agua por el uso del mercurio y otros agentes químicos, la aniquilación de la fauna y los microorganismos que la deforestación genera, son una dramática realidad que se cumplen en el Arco Minero y en buena parte de nuestro territorio.

Toda esa actividad adelantada por contingentes humanos, explotados por mafias criminales, para extraer el oro que financia parte de la actividad política y administrativa del voluminoso aparato clientelar, que junto a la estructura armada sostiene al régimen bolivariano.

El Oro sangre que alimenta las finanzas revolucionarias termina teniendo unos costos en términos de biodiversidad, agua, energía y vida tan elevados que los euros ingresados son insignificantes, respecto de los daños causados.

Pero Maduro de eso no habla. Ese drama lo soslaya, y pontifica como si no estuviésemos en cuenta de su verdadera conducta en la conducción de los asuntos públicos.

Aquí hemos podido captar con absoluta nitidez, una vez más, la inconmensurable capacidad para mentir y manipular qué caracteriza a Maduro y su camarilla.

Para completar el teatro del disimulo el señor Jorge Rodríguez se presenta, en nombre de la revolución, en el Foro de París por la Paz, y asumiéndose representante de un gobierno impoluto, expresó: “Como representante de la delegación del gobierno bolivariano de Venezuela ante el diálogo participé en el V Foro de París por la Paz, Francia. Estamos convencidos de que el camino de Venezuela es el diálogo, la suspensión de todas las sanciones ilegales y el respeto a la Constitución”.

¿Respeto a la Constitución? Por Dios. Un régimen político que lanzó al cesto de la basura la construcción. Un gobierno que viola a cada instante nuestros derechos fundamentales, con las cárceles llenas de presos políticos, con informes súper documentados por el alta comisionada de los Derecho Humanos, señalando la existencia de delitos de lesa humanidad va a un foro sobre La Paz a dar lecciones y a anunciar el respeto a la constitución.

La tozudez de Jorge Rodríguez es tan severa como la de los demás integrantes de la camarilla roja. No hay forma de que este ciudadano admita su responsabilidad y la del régimen que conducen en la tragedia de nuestra nación.

Cuando aceptan la existencia de alguna situación, apelan a la tradicional excusa cubana: “La culpa es del bloqueo”. Para nada ellos, los jerarcas de la revolución, tienen responsabilidad en la destrucción de nuestro país y en la estampida humanitaria generada por la misma.

Afirmó, de entrada, que “el camino es el diálogo”. ¿Cuál diálogo? Acaso no ha sido esa camarilla la que ha demostrado y sigue demostrando su soberbia al burlar todas las iniciativas de diálogo formuladas y facilitadas por la comunidad internacional.

Es tan brutal su cinismo que no habían terminado de despedirse de los salones de los palacios parisinos, cuando soltó la siguiente perla: “El diálogo y las negociaciones dependen directamente del levantamiento de las sanciones contra el gobierno de Maduro”.

Es decir, que nuestra paz, nuestros derechos humanos, entre otros, nuestro derecho a la democracia, depende de que otros países le levanten las sanciones, que precisamente les impusieron por sus políticas arbitrarias y por la constante provocación de conflictos contra la comunidad internacional, generados por la ideologización, la soberbia y la megalomanía.

El diálogo entonces, tal como lo afirmó Rodríguez, solo puede realizarse cuando les levanten las sanciones. A partir de ahí ellos, entonces, verán qué derechos nos van a respetar. Bonita forma de considerar al diálogo como el camino.

En el fondo, todo este comportamiento solo evidencia, nuevamente, una cultura autoritaria, una soberbia sin límites.

Estos personajes de la revolución no van a hacer mayores concesiones para respetar nuestros derechos humanos en general, y nuestros derechos políticos en particular.

La tarea de rescatar esos derechos, es decir, rescatar la democracia nos corresponde aquí en el seno de nuestro pueblo, a todos nosotros. Debemos agradecer a los países democráticos del mundo sus buenos oficios, pero no podemos confiarnos. La camarilla roja solo busca ganar tiempo. Para nada se compromete y cuando asume compromisos los burla.

Por eso estamos obligados a profundizar nuestra lucha en las comunidades. A denunciar a cada instante el cinismo y la maldad del régimen, y a la par, ofrecer el camino de liberación que debemos transitar.

Nuestra lucha por la libertad está planteada. El camino está a la vista. El año 2024 tenemos elección presidencial. Con la convocatoria a las primarias de 2023 lograremos la construcción de la alternativa unitaria y con ella lanzaremos nuestra gran embestida civilizada, con el voto por delante, para derrotar a esa camarilla tozuda e insensible.