noviembre 28, 2022

El Nuevo Guárico

Libre, Plural y Objetivo

“Virgen de La Chinita” una festividad de júbilo y devoción en el Zulia

Con alegría y fervor el pueblo zuliano celebra este viernes 18 de noviembre, los 313 años de la renovación milagrosa de su patrona, la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, a quien cariñosamente llaman “Chinita”.

Con alegría y fervor el pueblo zuliano celebra este viernes 18 de noviembre, los 313 años de la renovación milagrosa de su patrona, la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, a quien cariñosamente llaman “Chinita”.

El sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado del Vaticano, monseñor Edgar Peña Parra, será el encargado de oficiar la eucaristía solemne en honor a la Virgen de Chiquinquirá, quien este año conmemora 80 años de su coronación, también se cumplen 125 Años de la Diócesis del Zulia. El encuentro con la feligresía es a las 5 pm en la Basílica.

El religioso zuliano, nativo de El Saladillo, llegó el lunes 14 de noviembre a Maracaibo y fue recibido por el arzobispo de Maracaibo, José Luis Azuaje; el párroco de la basílica, Nedward Andrade, y demás autoridades eclesiásticas.

A su arribo al aeropuerto expresó: “Un abrazo a todos los zulianos, espero que vengan a la misa, allí nos veremos, muchas bendiciones”.

Se reitera la recomendación del Párroco-Rector, Pbro. Nedward Andrade, a quienes asistan a las celebraciones, que deben cumplir con las medidas de bioseguridad.

También en esta fecha se festejan 56 años de la Feria Internacional de la Chinita, dedicada a homenajear y rendir tributos a la Reina Morena, con júbilo y devoción.

Chiquinquirá, misionera de bondad

Según el relato popular la “aparición de la virgen” ocurrió El 18 de noviembre de 1709, cuando una anciana que vivía de lavar ropa ajena, acudió a las orillas del Lago y en medio de su faena, por el vaivén de las aguas, llegó hasta ella una tablita.

La tomó y miró la imagen de una virgen desconocida, la cual resaltaba de manera perfecta. Decidió llevarla a su casa en el barrio El Saladillo de Maracaibo, allí, muy cerquita del abasto La Boliviana y la Panadería Venezuela, en los alrededores de la Basílica o Iglesia de San Juan de Dios.

Al llegar a su humilde vivienda, optó por colocarla encima de su tinaja de agua para cubrirla. La anciana estaba agotada por la jornada de lavandería, fue al patio a descansar en su taburete, donde se quedó dormida y al despertar recordó que necesita unas velas para alumbrarse.

“La viejita” salió en búsqueda de las velas y al regresar quedó impactada. La calle estaba llena de gente, había hombres, mujeres y niños. Al llegar, constató que estaban frente a su casa, que inexplicablemente estaba iluminada por completo.

Cuando sus vecinos la vieron, le abrieron paso; ella, entre el asombro y la emoción, vio la tablita “en el aire”, con una luz que irradiaba por todo el lugar.

Para completar su admiración y la de los presentes, la virgen, parecía sonreírle, lo que arrancó espontáneamente expresiones al unísono: ¡Milagro, milagro!

Anécdotas con devoción de la Virgen de La Chinita

También se refiere en historias orales, que tiempo después de lo acontecido en casa de la humilde lavandera, las autoridades de Maracaibo decidieron realizar una procesión en honor de La Chinita.

Cuenta la leyenda, que la Virgen era llevada en hombros por dos hombres elegidos por el propio Gobernador, cuando al doblar una esquina, la imagen se puso tan pesada que impidió seguir moviéndola.

Finalmente, después de muchos ruegos al cielo y súplicas a la virgen, uno de los presentes exclamó: «Tal vez la virgen no quiera ir a la iglesia matriz y prefiere la de San Juan de Dios».

Estas palabras se tomaron como una inspiración divina, por ello la procesión cambió su rumbo, hacia la iglesia de la gente humilde de Maracaibo y la imagen recuperó su peso normal. Es por esto, que, desde ese día, la Virgen Morena, protege desde su templo, hoy Basílica, al pueblo que la venera.

La Chiquinquirá como orgullo de los zulianos llegó como misionera en la tierra, donde el evangelio encontró sus raíces y creció para dar frutos eternos.