octubre 3, 2022

El Nuevo Guárico

Libre, Plural y Objetivo

Nuestra humanidad tiene hambre de Dios. -Madre Teresa de Calcuta-

Sin duda hay hambre de Dios ¡Mucha hambre! Quizás porque buscamos su alimento afuera.

Sin duda hay hambre de Dios ¡Mucha hambre! Quizás porque buscamos su alimento

afuera. Entonces mendigamos al vecino un trozo de pan, cuando tenemos en casa una

mesa repleta de ricos manjares y agua fresca.

Ya lo dicen los maestros: “Todo está envuelto, impregnado y saturado por ÉL”. -el Dios

de nuestro corazón está adentro- al punto de que cada cosa en el planeta se conforma

de sustancia divina. En este sentido se diluye toda duda: Somos DIOS.

¿Somos Dios? ¡Sacrilegio! Gritan algunos…

Otros se acercan para preguntar:

¿Cómo es posible que siendo humano soy divino?

No hay diferencia, les digo. Humano y divino ES una sola esencia. Sin embargo,

creemos –creemos- en el Dios de afuera, sentado en su Trono Pétreo para juzgar y

condenar. Un Dios separado del hombre.

Pero somos uno –UNO con todo- Y esto tiene un gran significado porque ya no es la

creencia que divide, sino la experiencia que integra. Así que experimento a Dios, al

Dios que Soy, al Dios que Somos y desde esa gran consciencia dejo ver un corazón

limpio, presto al servicio, a la ternura, a la paz. Un corazón que ya no ve a Dios en cada

cosa, sino que ve cada cosa desde Dios.

En este sentido es fácil comprender, más bien vivir, aquella hermosa oración que

comienza diciendo “Que cada alma con la que yo tenga contacto pueda sentir tu

presencia en mí. Que cuando me vean te vean a ti, Padre amado. Que cuando te vean sea

yo. Que se revele siempre nuestra unión infinita y podamos desde el UNO transformar

el mundo”.

Así que te invito a reconocer al Dios que habita en ti, para vivirlo conscientemente

y revelarlo en cada instante de tu vida. De esa forma nunca más tendrás hambre

de ÉL.

Por Ricardo Latouche Reyes.