Opinión 

Es muy simple ser feliz, pero es muy difícil ser simple -Tagore-

Vivir desde lo simple podría ser una de las tareas más difíciles para los que habitamos de este lado del planeta, porque el pensamiento Occidental  lleva grabada, tatuada,  la idea del “mientras más, mejor” en detrimento de una vida discreta, silenciosa y tranquila. Pareciera que hace falta llenarnos de cosas: ideas, historias, gente, conocimiento, objetos, ruidos, velocidad, comida,  para que cobre sentido la vida; y vida la felicidad.

¿En qué momento aprendimos a llenarNOS? ¿En qué instante de la historia comenzamos a acumular lo que sea  –lo que sea-  para sentir que tenemos, somos, hacemos, logramos… o que por fin pertenecemos?  Pareciera que abundancia, plenitud y felicidad están asociadas a factores externos, y no a nuestra propia naturaleza. 

 Vivir desde lo simple  requiere soltar amorosamente todo lo que represente un exceso, adaptarnos complacientemente al devenir de la vida, realizar lo que necesito y no lo que quiero, y por último atender cada instante con sencillez, creatividad y dulzura. 

Vivir desde lo simple representa el camino de retorno a nuestro espacio sagrado, un lugar donde sucedes sin posturas, ni miedo; sin prisa, ni penas. Es la vida expresándose en plenitud, perfumando al pasar, con alegría, entusiasmo, aplausos y risas… risas que brotan con algún tipo de inocencia  infinita.

¿Y la felicidad?

En este punto no necesitas ser feliz, porque ya lo eres. No hace falta sonreír porque te has convertido en la sonrisa de todos. Ya no hay nada que mostrar -o demostrar- eres libre. 

Simplemente libre…


Por Ricardo Latouche Reyes.

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